diciembre 1, 2011

Autor: Juliana Boersner

El pasado 14 de septiembre, habría cumplido 90 años el escritor uruguayo Mario Benedetti. La fundación que lleva su nombre planificó para esta oportunidad varias actividades y anuncios para el futuro.

La noticia más resaltante de la jornada fue la publicación del libro Biografía para encontrarme, un sugestivo título bajo el cual se editan 62 poemas hasta ahora desconocidos del escritor nacido en Paso de los Toros, en Tacuarembó el 14 de septiembre de 1920.

Sylvia Alarcón, directora de la fundación Mario Benedetti resaltó el carácter autobiográfico de este libro así como el hecho de que en sus textos se intuye la cercanía de la muerte conservando la esencia poética que caracterizó la obra del poeta, narrador y ensayista uruguayo.

Autor: Sergio Parra

Todo el mundo admite que escoger bien una lectura es importante. Pero tal vez no se da tanta importancia a cómo se lee. Sin embargo, cómo leemos puede ser tan importante como lo que leemos.

Dijo el escritor Joseph Epstein que “La biografía de cualquier literato debería ocuparse extensamente de lo que leyó y cuándo, porque, en cierto sentido, somos lo que leemos”. Eso es cierto. Condenadamente cierto. Si uno se fija lo suficiente en la cara de una persona, incluso podrá dilucidar, gracias a su mirada, si ha leído mucho o poco, y también qué clase de lecturas ha llevado a lo largo de su vida.

Pero no voy a hablarles de listas sacralizadas de libros que deben leerse. El gusto literario, a mi juicio, es personalísimo. De lo que voy a hablaros es de la liturgia en envuelve la lectura de un libro. Sin duda algo consustancial a lo que desprenden las propias letras del libro.

Por ejemplo, recuerda los lugares donde te refugiaste para leer aquel libro tan especial. Cuando pienso en refugios para lectura no puedo evitar pensar en el que escoge Bastian en La historia interminable. O el haz de linterna amortiguado en nuestras lecturas nocturnas, cuando los padres desautorizan permanecer despiertos.

Tengo un amigo que, cada vez que se ponía a leer El señor de los anillos, encendía una pipa y echaba el humo contra las páginas del libro. Cada página, o cada dos páginas, calada y nubecillas de humo espeso, como si uno pudiera sentirse así más cerca de Gandalf y su pipa.

Se cuenta que Maquiavelo solía preparase para leer disfrazándose con ropas del período del escritor que estaba leyendo y que servía la mesa para ambos. Era sin duda una muestra excelsa de respeto por el autor.

Pero uno de los autores que mejor han trasladado la liturgia de ponernos a leer un libro especial, refugiados en nosotros mismos, lejos de las intrusiones de hermanos y amigos, transmigrando (con permiso del teólogo John Dunne) durante un breve espacio de tiempo a un punto de vista completamente diferente al nuestro, es Marcel Proust, que escribe lo siguiente en su libro Sobre la lectura:

Puede que no haya habido en nuestra infancia días más perfectos que aquellos (…) que pasamos con nuestro libro favorito. Todo aquello que tanto complacía a los demás, o eso parecía, y que descartábamos como un vulgar obstáculo para un placer divino: el amigo que venía a buscarnos para jugar cuando estábamos en el pasaje más interesante; la molesta abeja o el rayo de sol que nos obligaba a levantar los ojos de la página o a cambiar de postura: la merienda que nos habían obligado a llevarnos y que dejábamos intacta a nuestro lado (…), todas esas cosas con cuya lectura podíamos sentir cualquier cosa menos fastidio, han dejado grabado en nosotros un recuerdo tan dulce (mucho más precioso a nuestro actual entender que lo que leíamos entonces con tanta devoción) que, si por casualidad hojeamos aquellos libros de antaño, no es más que porque son los únicos calendarios que hemos conservado de los días que se fueron y confiamos en ver reflejados en sus páginas las moradas y los estanques que ya no existen

Autor: Fausto Beneroso

Según el último estudio realizado por Nielsen sobre Tendencias de compra en la red, el libro sigue siendo intocable como líder en las compras que los internautas realizamos a través de la red. Así, se mantiene como el producto más demandado con un 44%, ya sea en formato tradicional o electrónico. Pero cuidado, porque el reinado está claramente amenazado por el mundo de la moda.

Parece ser que la moda está en pleno auge en la red y ya se ha colocado con un 40% del pastel, muy cerquita de nuestros amigos los libros. Además ha llegado a adelantar a los billetes de avión, sin duda para mí, la compra por excelencia en la red. Vienen empujando fuerte, y parece que nada podrá hacerse para que acaben colocándose en la primera posición, ya que un 36% de los internautas afirman plantearse la compra de su ropa online

Autor: Sarah Manzano

Si hace apenas unos días hablábamos del aumento de las ventas de los libros electrónicos y de la venta masiva del nuevo Kindle, hoy os traigo la otra cara de la moneda. Y es que Barnes & Noble, la célebre cadena de librerías de Estados Unidos no está pasando por buenos momentos financieros y se está planteando su venta. Una triste noticia, ya que se trata de uno de los mayores pilares del negocio editorial en Estados Unidos. La culpa, según dicen, la tiene el libro electrónico, y es que mientras las ventas de éstos no paran de subir, la de libros en papel no deja de descender. A esto se la ha sumado la declaración del agente literario Andrew Wylie (también conocido como El Chacal… ahí queda eso…) de llegar a un acuerdo con Amazon para vender digitalmente libros de sus más ilustres clientes como Philip Roth o John Updike. Y claro, los de Barnes & Noble ya le están viendo las orejas al lobo…

Si hace apenas unos días hablábamos del aumento de las ventas de los libros electrónicos y de la venta masiva del nuevo Kindle, hoy os traigo la otra cara de la moneda. Y es que Barnes & Noble, la célebre cadena de librerías de Estados Unidos no está pasando por buenos momentos financieros y se está planteando su venta. Una triste noticia, ya que se trata de uno de los mayores pilares del negocio editorial en Estados Unidos.

La culpa, según dicen, la tiene el libro electrónico, y es que mientras las ventas de éstos no paran de subir, la de libros en papel no deja de descender. A esto se la ha sumado la declaración del agente literario Andrew Wylie (también conocido como El Chacal… ahí queda eso…) de llegar a un acuerdo con Amazon para vender digitalmente libros de sus más ilustres clientes como Philip Roth o John Updike. Y claro, los de Barnes & Noble ya le están viendo las orejas al lobo…

Autor: Fausto Beneroso

Hace apenas unos días ha comenzado oficialmente el rodaje para llevar La reina del sur, de Arturo Pérez-Reverte, a la pequeña pantalla, después de muchos problemas. Y es que, inicialmente el proyecto estaba pensado para realizar una película que estaría protagonizada por Eva Mendes, pero por motivos de seguridad del propio equipo técnico, tuvieron que suspenderlo definitivamente, ya que se hacía imposible rodar en Sinaloa.

Ahora Telemundo, la propietaria de los derechos, nos la va a traer a través de sesenta capítulos que se rodarán entre Colombia, Florida y España. Esta producción cuenta con la participación de Antena3, que ofrecerá una versión reducida que sólo constará de trece episodios. No cabe duda que ‘La reina del sur’ es una de las novelas con la que más éxito ha conseguido Pérez-Reverte, ha sido traducida a treinta y dos idiomas y ha vendido más de ochocientos mil ejemplares sólo en España y México.

Recordemos que la novela nos narra la historia de Teresa Mendoza, que pasa de ser la novia de un piloto del cártel de Juárez a convertirse en la auténtica reina del narcotráfico de México. En su huida hallará refugio y nuevas posibilidades de negocio en nuestras tierras, concretamente en Algeciras y alrededores, y donde Arturo demuestra toda su maestría y conocimiento, ya que se nota que ha estudiado palmo a palmo los escenarios donde transcurre la acción.

Autor: Sarah Manzano

Los propósitos de año nuevo los hago yo en verano. Sí, suena raro así de buenas a primeras, pero si lo piensas un poco, tiene hasta su lógica. Por ejemplo, es en verano cuando más ganas me dan de leer todo lo que tengo acumulado o de ponerme al día con los clásicos. El calor sofocante incita a no hacer nada más que comer helado (ejem) y estar tirada todo el día . Como les decía, en verano siempre me da por recuperar a los clásicos, aunque también es verdad que a mí me sobra cualquier excusa para hacerlo. En este plan, y como si fuera un bonus track, Impedimenta recupera este verano Diario del año de la peste de Daniel Defoe. Y como siempre, el diseño de la portada me subyuga por lo simple y efectista.

‘Diario del año de la peste’ se centra en 1664 cuando la peste asoló Londres llegada desde Holanda. Aunque entonces Defoe era sólo un niño que se salvó de morir de puro milagro, sesenta años más tarde, cuando era un escritor anciano y acuciado por sus acreedores, decidió escribir este libro como un homenaje a sus contemporáneos. Y es en este marco terrible, en una ciudad infectada, donde se desvela la verdadera naturaleza de las personas, desde los actos más heroicos a las más terribles mezquindades. Desde casas tapiadas con los enfermos dentro a sirvientes que cuidan amorosamente de sus amos, Daniel Defoe plasma un retrato de una sociedad colapsada que aún a día de hoy nos sigue conmoviendo.

 Daniel Defoe es otro de esos escritores ingleses de vida fascinante. Nació en 1660 y contó con una educación desordenada, probó a ganarse la vida con diferentes actividades sin éxito, estuvo condenado a exposición en la picota por un panfleto político, se pasó de un bando político a otro, actuando como espía y con varias traiciones a sus espaldas… No será hasta 1719 cuando publique Robinson Crusoe, que le reportaría fama casi inmediata, al igual que el libro que nos ocupa o Moll Flanders. Moriría en 1731, viviendo en la clandestinidad y huyendo de sus acreedores.

Este tipo de libros me encanta. La literatura inglesa, en general, me gusta muchísimo, y si ya hablamos de los clásicos, entonces apaga y vámonos. Leí ‘Robinson Crusoe’ hace unos mil años, y me gustó muchísimo. También recuerdo haber comprado una edición de ‘Moll Flanders’ de segunda mano, gastadísima, que no llegué a leer y que vete a saber tú por dónde andará. lES dejo con la presentación que le hace la propia editorial al libro, porque yo no lo podría decir mejor:

En esta ocasión tenemos el placer de sugeriros un clásico inglés que no envejece, literatura sin fisuras para disfrutar a la sombra de un árbol, o mientras se bebe un té helado.

A mí con la referencia al té helado ya me han conquistado…

Autor: Sarah Manzano

Parece que el verano ya está aquí, queridos míos. Ya está aquí el calor, las idas y venidas a la playa, las aglomeraciones, la sangría y las vacaciones, quién las tenga. Si hay un género que apetece leer en verano, ese es la literatura de viajes. Y si, además, es de un autor como Jules Verne, ya ni os cuento. Es Nórdica Libros la encargada de traernos Viaje a contrapelo por Inglaterra y Escocia, ideal para leer despreocupadamente.

‘Viaje a contrapelo por Inglaterra y Escocia’ nos narra las aventuras de dos amigos franceses, Jacques Lavaret y Jonathan Savournon, que aprovechan la oportunidad que les surge de viajar gratis a las Islas Británicas. Escrito con el fino sentido del humor que le caracteriza, Verne se convierte aquí en un escritor social, describiendo una Inglaterra victoriana sumida en plena revolución industrial y las consecuencias que ésta tuvo para sus gentes.

 La historia de este libro también es bastante curiosa: el libro se basa en los propios apuntes que tomó Verne cuando realizó este mismo viaje con un amigo en 1859, pero no se supo nada de él hasta 1989, año en el que fue publicado por primera vez en Francia, para gozo de sus lectores. En su día, el manuscrito fue rechazado por su editor al no ajustarse a los cánones de literatura de ciencia-ficción que imperaba en ese momento y del que Verne era un gran exponente.

De Jules Verne poco puedo añadir que no se haya dicho ya. Paradigma del escritor prolífico del siglo XIX, tiene en su haber muchas de las grandes obras de la literatura. Considerado como el padre de la ciencia-ficción, sus libros sorprenden hoy por su capacidad visionaria, aunque eso sí, teñidos de una ingenuidad propia de siglos pasados. Creo que todos hemos leído algo de Verne, y en mi caso, creo que podría nombrar como favorito Viaje al centro de la Tierra, sin desmerecer en absoluto al resto, por supuesto.

Los de Nórdica ponen a nuestra disposición los primeros capítulos, y son muy cucos ellos, ya que te enganchan y después te dejan con las ganas de más… Me ha llamado mucho la atención que el libro vaya firmado como Jules Verne, cuando en mi mente siempre será Julio Verne. Sé que es una chorrada, porque entonces tendríamos que hablar de Carlos Dickens, por ejemplo, pero no sé, no deja de sonarme raro, raro, raro…

Autor: Sergio Parra

¿Por qué a los escritores les rodea una aureola de misterio? ¿Por qué soñamos secretamente con conocerles? ¿Por qué diablos molan tanto?

Para responder a estas preguntas no voy a apelar al argumento biológico o al memético (eso ya lo hice en su momento) sino a una simple reflexión acerca de los libros y el proceso de escribirlos. Porque ¿realmente los escritores son tan interesantes como parece?

No hace mucho leí un delicioso libro editado por Anagrama, Una lectora nada común, de Alan Bennett, donde se plantea la divertida hipótesis de que la reina Isabel II de Inglaterra, sí, esa anciana hierática, fría y protocolaria, de repente es sacudida por una fuerte afición a la lectura. De la noche a mañana, pues, la reina, bajo el influjo de la literatura, empieza a sufrir toda clase de transformaciones intelectuales y emocionales que acabarán influyendo en todo su universo.

Una de estas transformaciones consiste en la aparición de la duda y la inseguridad. La reina siempre se había reconocido como una mujer de ideas sólidas y carácter inexpugnable, pero poco a poco, gracias a la imagen poliédrica del mundo que le ofrecen los libros, empieza a vivir en una eterna duda acerca de todos los asuntos que antes contemplaba como sencillos. Incluso empieza a sentirse vulnerable, sobre todo frente a una clase de persona que jamás antes le había supuesto ninguna amenaza: los escritores.

Era emocionante estar con autores a los que había llegado a considerar amigos y a los que anhelaba conocer. Pero ahora que se afanaba en declarar su compañerismo con aquellos cuyas obras había leído y admiraba descubrió que no tenía nada que decir. Ella, que rara vez en su vida se había sentido intimidada por alguien, ahora estaba callada e incómoda. “Me encantó su libro”, habría sido suficiente, pero se interponían cincuenta años de compostura y dominio de sí misma, amén de medio siglo de eufemismos. Con dificultades para entablar conversación, tuvo que recurrir a sus reservas de emergencia. No era exactamente: “¿Ha venido de muy lejos?”, sino su equivalente literario. “¿De dónde saca sus ideas? ¿Tiene un horario fijo de trabajo? ¿Escribe directamente en el ordenador?”, eran preguntas que ella sabía engorrosas y tópicas, pero había que evitar un incómodo silencio.

La reina no tardó en llegar a la conclusión de que probablemente lo mejor era conocer a los escritores en las páginas de sus novelas, y más bien como productos de la imaginación del lector, al igual que los personajes de sus libros. No parecían agradecer que alguien hubiera tenido la gentileza de leer sus escritos. Al contrario, parecían haber tenido la amabilidad de escribirlos.

¿Qué le pasaba exactamente a la reina? Lo que le sucede a la mayoría de amantes de los libros: que acostumbran a idealizar a los autores de las obras que aman. Y luego, al conocer las miserias personales del autor, llega la decepción.

Inconscientemente, cuando leemos un libro, solemos asumir que es el autor, el autor en persona, el que nos está hablando directamente a nosotros, como en una plática de café. Y eso no es cierto en modo alguno. Un texto literario no acostumbra a ser la transcripción de un monólogo interior del autor sino el resultado de mil golpes sobre el yunque de las ideas para moldear un discurso coherente con una prosa atractiva.

El acto de escribir es lento y penoso, se quita y se pone una coma allí y allá, se sustituye tal palabra por otra, se bucea en diccionarios, se lee y se relee, se reescribe, se corrige hasta la extenuación, como el que está montando un rompecabezas. El texto resultante, entonces, es de lo mejor que puede dar de sí el autor. Y precisamente este es otro buen argumento para leer libros: interaccionar con mentes depuradas, químicamente puras, es algo muy diferente a interaccionar con mentes en tiempo real, que son más proclives al arbitrio, la improvisación y las azarosas circunstancias.

Un libro es un autor en sus mejores días, con la mente templada y el pulso firme. Y eso muy raramente suele darse en el día a día.

Los autores son gente normal. A veces, incluso, infranormal, egomaníaca, psicopática, con complejos galopantes de inferioridad, fea y desgarbada, analfabeta emocional y incompetente social, además de astronómicamente inculta (conocer palabras del diccionario y saber juntarlas no le hace a uno culto).

Pero, oh, al escribir, el autor controla la moviola cinematográfica de la realidad, adelante y atrás, y como Bill Murray en Atrapado en el tiempo, puede probar una y otra vez las estrategias en una primera cita (con el lector), escogiendo microscópicamente (y tramposamente) las palabras que se dispone a pronunciar.

¡Así, luego, cualquiera parece un dandy!

Así pues, la próxima vez que adoremos un libro, será mejor circunscribirnos a leer ese libro y no al autor del mismo, del cual no sabemos nada (y creedme, es mejor así). Si acaso, adoremos todos ese instante congelado en el tiempo del autor, esa configuración neuronal artesanal que al menos puede existir en un puñado de páginas.

Autor: Sarah Manzano

La noticia saltaba hace este 18 de junio: José Saramago, Premio Nobel y un grande de las letras, moría este mediodía en su casa de Lanzarote. Contaba con ochenta y siete años y una dilatada carrera literaria a su espalda. Sin duda, un día triste para todos.

Sería a las dos menos cuarto de la tarde (hora peninsular) cuando el escritor ha fallecido, después de haber pasado una noche tranquila. Acompañado por su familia, y en especial, por su mujer Pilar del Río, traductora y periodista, Saramago daba su último adiós dejando a muchos lectores sumidos en la tristeza. Nos queda el consuelo de una muerte digna y rodeado de amor, tal y como nos decían en un comunicado su fundación:

murió acompañado de su familia, despidiéndose de una forma serena y plácida

 

 Escéptico y pesimista, Saramago combinaba la denuncia social con la crítica a la religión o la política. Desde 1992 vivía en Lanzarote, después de que el gobierno portugués excluyera su obra El evangelio según Jesucristo de una lista de recomendaciones para un premio literario. Ahora, tras su muerte, el propio primer ministro portugués, José Sócrates, ha hecho otras declaraciones:

Creo que es una gran pérdida para la cultura portuguesa (…) Sus obras han enorgullecido a Portugal, su muerte vuelve a nuestra cultura más pobre.

Nacido en 1922 en Azinhaga, a cien kilómetros de Lisboa, su infancia y adolescencia estuvo marcada por la miseria, primero en el campo y luego en la ciudad, donde se trasladaron intentando huir de la pobreza. Obligado a trabajar desde niño, estudiaría en la biblioteca pública ya que le era imposible asistir al colegio.

De esta manera, las penurias económicas pasadas en su infancia lo llevarían a comprometerse con las injusticias que veía a su alrededor. Prueba de esto es la edición de La balsa de piedra para ayudar a las víctimas del terremoto de Haití, en la cual las recaudaciones íntegras irían a parar a los damnificados de este país.

Su último libro publicado, Caín, levantó ampollas por su tratamiento de la religión, tal y como hiciera en su momento la citada ‘El evangelio según Jesucristo’. Premio Nobel en 1998, el escritor portugués nos deja obras como Ensayo sobre la ceguera, Memorial del convento, Ensayo sobre la lucidez o El año de la muerte de Ricardo Reis.

José Saramago será velado en la biblioteca pública de Tías, localidad en la que residía, que justamente lleva su nombre desde esta tarde. El alcalde de Tías, José Juan Cruz, ha declarado tres días de luto como muestra de respeto, aprecio y reconocimiento. Aún no se sabe dónde será enterrado, pero Cruz ha anunciado que es una cuestión que decidirán los allegados.

No nos queda duda que es uno de los días más tristes para la literatura mundial. Sin embargo, nos queda esa inmortalidad, de otro tipo, que dan las letras, y es que sus obras permanecerán con sus lectores para siempre. Desde aquí nos sumamos al pésame a la familia, y, en general, a todos aquellos que alguna vez disfrutaron con alguno de sus libros. Inmortal para siempre, en nuestras estanterías.

Descanse en paz.

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