Celebrando a Octavio Paz

Abril 23, 2008

Autor: Juliana Boersner

El sábado pasado, 19 de abril, se llevó a cabo en Ciudad de México el acto protocolar para recordar y celebrar al escritor Octavio Paz a los 10 años de su muerte. El mismo se llevó a cabo en el Palacio Nacional de Bellas Artes donde un grupo de intelectuales y amigos de Paz disertaron sobre el pensamiento y la obra del autor de Los hijos del Limo y El laberinto de la Soledad.

El acto estuvo presidido por la directora del instituto, Teresa Franco y participaron, entre otros, Derek Walcott, Enrique Krauze, Teodoro González de León, Orlando González Esteva y Michel Deguy. Juan Goytisolo, Hugo Thomas, Ramón Xirau, Tomás Segovia e Yves Bonnefoy se comunicaron a través de vídeo. Marie Jo estuvo por supuesto presente al igual que representantes del mundo cultural mexicano.

Pero no solamente en su México natal fue recordado Octavio Paz. En Toronto, Canadá, se llevó a cabo el evento: Leyendo la poesía de Octavio Paz, una actividad organizada por el Consulado General de México en Toronto y la Dirección de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Toronto.

Una semana antes, el 11 de abril, en la Biblioteca del “Massey College” de la Universidad de Toronto, la profesora asistente de Literatura Latinoamericana y Comparada, Eva-Lynn Jagoe leyó algunos poemas en inglés y el agregado cultural del Consulado General de México en Toronto, Gerardo Ochoa Sandy, hizo una semblanza y leyó algunos textos en español.

Las palabras de Ochoa Sandy resumen muy bien el aporte de la obra literaria y editorial del Nobel mexicano:

 

Paz atestiguó el surgimiento, desarrollo y declive de las vanguardias poéticas, de las revoluciones sociales y los totalitarismos políticos, asuntos sobre los cuales llevó a cabo una constante reflexión a través de su obra. Al mismo tiempo, ofreció una lectura moderna de la evolución cultural y política de México y animó el debate de ideas en su país a través de sus textos de coyuntura y de la conducción de las revistas Plural y Vuelta

 

Jagoe resalta las múltiples fuentes del pensamiento y la obra de Paz y subraya sus aportes en pro del estudio de la identidad nacional:

 

Paz supo que había que incorporar los diferentes elementos del pasado mexicano para formar y vivir una identidad nacional

 

La nota discrepante en estos días de homenaje fueron las declaraciones de Seamus Heaney, Premio Nobel de Literatura 1995, quien dijo que la obra de Octavio Paz estaba sobrevalorada. Su argumento tiene que ver con la frecuencia con la cual se publicaban en algún momento los libros de Octavio Paz y con la dificultad de entrar a su poesía a causa de las traducciones:

 

muy difícil, francamente, para un inglés entrar en su poesía, incluso para los más interesados

 

De ello se desprende, por supuesto, toda una discusión, interesante y prolífica, en torno a las traducciones, la cultura y la poesía, pero que supera los objetivos de esta entrada. Paz mismo fue traductor, para algunos excelso para otros no tanto. Hay lectores de lectores.

Autor: Paolo Fava

El libro de Nobac es el vencedor del Premio Minotauro 2008, el galardón anual de la editorial de literatura de fantasía, misterio y ciencia-ficción. Se trata de una novela de intriga que bebe de fuentes como Edgar Allan Poe, Borges y Bioy Casares, en la que el formato detectivesco es utilizado para introducir crecientes elementos fantásticos hasta desembocar en lo mágico. El homenaje a los maestros se aprecia en lo interesante de la premisa inicial y la metáfora sobre la que se construye la novela: la vida como libro, el hombre como personaje y el científico/alquimista/demiurgo como autor. Desgraciadamente, la novela no llega a estar a la altura de las expectativas que ese arranque genera.

Edgar Pym es un escritor por encargo que arrastra una vida crápula y una larga crisis creativa: es incapaz de escribir su propia novela. Un día es convocado a la casa de un tal señor Valdemar, en dónde conoce a la atractiva, talentosa y decidida periodista Lisa Lynch. Valdemar les comunica que desea contratarles para que cuenten su vida. Que está marcada por un hecho extraordinario: posee un libro en el que día a día y de forma automática se va relatando su existencia.

Entre la incredulidad y la maravilla, Edgar y Lisa indagan sobre su misterioso cliente al tiempo que este les va desvelando poco a poco detalles de su extraña existencia. Comienza entonces a perfilarse la oscura figura del profesor Nobac, un controvertido filósofo y químico presuntamente desaparecido de la faz de la tierra, que parece ser una pieza clave alrededor de la cuál gira no sólo el misterio del libro que se escribe sólo sino la existencia de los tres personajes.

Es un argumento lo bastante sólido para enganchar en las primeras páginas del libro, y tiene el suficiente sabor libresco, añejo, como para recordar agradablemente a las tramas de investigaciones eruditas de los maestros citados antes. Incomprensiblemente, una vez puestos en situación y tras cultivar cuidadosamente el suspense, el autor decide detener el ritmo de la narración. Nos bastan unos capítulos para conocer a Edgar, Lisa y Valdemar, así como sus respectivos problemas. Pero el bloque central de la novela esta dedicado a volver una y otra vez sobre los mismos personajes, las mismas problemáticas enunciadas en primer momento, y apenas se perciben signos de evolución.

La idea parece ser la de mostrar cómo la presencia de un libro que escribe él sólo una vida afecta psicológicamente a dos tipos diversos de personalidad, una rigurosa y ordenada frente a otra caótica y espontánea. En realidad lo que se percibe es una manera un tanto artificial de alargar las cosas ya que lo que ocurre son más cambios de humor que de psique. Y peor aún, lo que consigue es matar el suspense. Situaciones, personajes y tramas secundarias encajan en ocasiones de forma forzada, con una teatralidad que no se acompasa ni a la narración ni al tono (para demostrar que Edgar es un juerguista, por ejemplo, ocurre una escena de triángulo en su apartamento que parece sacada de una telecomedia).

Tampoco ayuda que el narrador anuncie de tanto en cuando que algo terrible terminará sucediendo. Resulta frustrante cuando el lector no percibe avances efectivos. Estos sólo llegan en el tercio final de la novela, cuando descubrimos a los investigadores empezando a hacer lo más elemental (buscando una fotografía del misterioso y mil veces mencionado Nobac o visitando a quiénes le conocían). Y cuándo finalmente se precipita el desenlace, resulta chocante no por las revelaciones (que el lector ya ha deducido gracias a las pistas que el narrador le deja y remacha) sino por las infinitas respuestas que deja sin resolver y las explicaciones que no llegan nunca.

Una dificultad final es el lenguaje literario del que hace gala Fernández Giordano. Es elevado, de gran riqueza y con potencial poético, luego en ningún caso objetable. Gracias a él se dan los mejores pasajes de la obra. Sin embargo lo mantiene inalterado en todo momento, cuando ciertas ocasiones hubieran requerido mayor simpleza y cercanía. La impresión final es la de cierto distanciamiento del narrador con su historia al usar el mismo conceptismo para hablar tanto de la Verdad y la Existencia como para describir la “carne turgente y fibrosa” de los muslos de Lisa.

Como dice uno de los personajes de la obra: sólo lo imposible es seguro, lo posible es un universo de incertidumbres. El libro de Nobac tiene el mérito de ser ambicioso y plantear ideas de gran valor, algunas brillantes. Lástima que naufrague por motivos que quizás sean de formato. Si siguiendo a los maestros el autor hubiera optado por una narración breve puede que estuvieramos ante un texto completamente distinto. Potencialmente, ante una obra de arte

 

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Autor: Eva Paris

El diario 20 minutosanunció ayer que desveleban en exclusiva las claves de la próxima novela de Carlos Ruiz Zafón, El juego del ángel. La fecha del gran lanzamiento se acerca, y la maquinaria comercial ya está en marcha. Así que estos días oiremos hablar mucho de la obra.

El juego del ángel tiene todas las papeletas para convertirse en un best seller, como lo fuera su precedente y primero en la saga La sombra del viento. Si no puedes esperar a que salga la novela y quieres enterarte ya de algunos detalles, en cada enlace encontrarás la información ampliada.

Algunos datos ya conocíamos, como que el escenerio volverá a ser Barcelona. Respecto a los personajes, se nos explican uno a uno, desde la propia Barcelona como clave con pulso en la trama, hasta la repetición de viejos conocidos, los Sempere. Claro, que existen novedades en el protagonismo del argumento.

En esta ocasión es David Martín el personaje principal, que comparte el amor por los libros de su antecesor, Daniel Sempere, y que trabaja en un diario de la ciudad escribiendo por entregas. Como Daniel, vive solo con su padre, aunque éste, violento y drogadicto, nos dejará escenas alejadas de la tranquilidad del progenitor anterior.

Para acabar, podemos encontrar más detalles sobre la trama aquí. No he querido leer demasiado acerca del argumento.

Porque creo que encontraré un hueco para leer El juego del ángel, aunque la distancia respecto a la lectura de su precuela me haya mostrado ciertos puntos flojos de la misma, sobre todo en los aires melodramáticos que precisamente fueron una de las claves de su éxito. Pero siento interés en ver qué nos depara esta nueva aparición del misterioso Cementerio de los Libros Olvidados en las vidas de los personajes.

Y nuestros lectores, ¿se animarán a leer esta novela de Zafón o tuvieron bastante con La Sombra del viento?

 

Autor: Juliana Boersner

El escritorio y la silla que usó Charles Dickens en su casa de Gad’s Hill, en el condado de Kent será subastada en Christie’s, el próximo 4 de junio.

Se trata probablemente de las piezas más valiosas de la herencia del escritor inglés y que han permanecido en la familia hasta la actualidad. Se espera que en la subasta se puedan vender en un precio que oscile entre las 50 mil y 80 mil libras (entre 100 mil y 160 mil dólares).

Estos dos muebles los compró Dickens al adquirir la casa de campo en la que viviría hasta su muerte y en la cual escribió Grandes esperanzas. Con el transcurrir de los años, los descendientes los siguieron conservando hasta 1999 cuando falleció Christopher Charles Dickens (1937-1999) y su esposa, Jeanne-Marie Dickens, los donó al hospital infantil Great Ormond Street, del cual Dickens mismo fue benefactor.

El escritorio y la silla forman parte incluso de cuadros y de libros. Fueron reproducidos en obras de pintores ingleses y también en la biografía escrita por John Foster.