El cuento del antepasado, de Richard Dawkins
Enero 26, 2009
Autor: Sergio Parra
Éste es el último libro traducido del influyente y multipremiado Richard Dawkins (Nairobi, 1941). Hace tan poco que salió de la imprenta que aún está caliente. Su tamaño puede asustar: casi 900 páginas de letra diminuta. Y hay razones para asustarse: si no estás realmente muy interesado en temas como la evolución, la biología y la antropología, es mejor que no pierdas el tiempo, porque algunos fragmentos son densos, técnicos y prolijos. Sin embargo, aunque el interés sea medio, vale la pena el esfuerzo aunque para disfrutar de algunos de los legendarios capítulos; capítulos que demuestran cuán diversa y pluscuamperfecta puede llegar a ser la vida en la Tierra.
Este mamotreto constituye una apasionante y tremendamente erudita regresión histórica-biológica hacia el pasado, empezando por nosotros, y pasando por los chimpancés, los lobos, las aves, los delfines, los árboles, los dinosaurios, las bacterias, los líquenes, y así, animal por animal, hasta llegar al denominado por Dawkins como “El gran encuentro histórico”, las primeras células eucariotas.
Para hacer más ameno este cuento hacia atrás en el tiempo, bajando cada vez más el nivel de complejidad (aunque quizá subiendo el nivel de exotismo, singularidad y maravillosa extrañeza), Dawkins ha tomado prestada la estructura narrativa de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. Si en la obra de Chaucer los cuentos de los peregrinos aspiraban a ser una reflexión sobre la vida humana en general; aquí los cuentos son una poliédrica reflexión sobre la vida biológica en toda su extensa diversidad, y los peregrinos han pasado a ser los diferentes animales de los que se habla, que, como aquéllos, se reúnen alrededor de un fuego para contar su historia más íntima.
Para describir la historia de la vida de forma cronológicamente inversa, Dawkins emplea métodos similares a los usados para estudiar la historiografía humana. La arqueología, el estudio de las puntas de flecha, de fragmentos de vasijas y demás reliquias pasan ser otro tipo de reliquias propias de la evolución biológica: los huesos, los dientes y los fósiles en que terminan convertidos. Si en la historia humana contamos con testimonios orales y escritos, en la historia de la vida Dawkins recurre a otro tipo de narraciones menos evidentes: la del ADN, el equivalente de un registro escrito y copiado repetidas veces, o la del carbono 14.
De esta forma, con una claridad expositiva envidiable (aunque, insisto, con algunas páginas o incluso capítulos tan enciclopédicos que pueden resultar farragosos para los neófitos o los poco motivados), Dawkins nos va contando curiosas historias acerca de toda clase de manifestaciones de la vida, y por el camino vamos comprendiendo un poco más cómo funciona la selección sexual o cómo se puede datar un fósil, o desvela detalles poco conocidos sobre el fascinante mundo de las termitas o las hormigas Atta (las inventoras de la agricultura), o sobre el ornitorrinco (una de las criaturas más raras del universo), o sobre las moscas y su facilidad para tener ojos extra; sin olvidarse nunca del animal más próximo a nosotros: nuestros propios antepasados homo.
No es ni mucho menos mi obra favorita de Dawkins, mucho antes habría que situar Destejiendo el arco iris o El gen egoísta, incluso el provocativo El espejismo de Dios. Pero si ya has leído al fabuloso Richard Dawkins y te gusta, entonces no debes perderte El cuento del antepasado; al menos te será útil para ajustar un poco más tu situación en el mundo:
Un vencejo que tuviese interés por la historia y que, comprensiblemente, considerase el vuelo la principal habilidad del reino animal, juzgaría que el súmmum del progreso evolutivo son esas espectaculares máquinas volantes dotadas de alas en forma de flecha que son los vencejos mismos, capaces de permanecer en el aire un año entero e incluso de copular en pleno vuelo. Por parafrasear una ocurrencia de Steven Pinker, si los elefantes escribiesen libros de historia, quizá reasentarían los tapires, a las musarañas elefantes, a los elefantes marinos y a los násicos como tímidos pioneros que enfilaron la vía principal de la evolución, dieron unos primeros pasos titubeantes pero, por el motivo que fuese, nunca llegaron hasta el final: tan cerca y a la vez tan lejos. Los elefantes astrónomos tal vez se preguntarían si, en otro mundo, existirían formas de vida extraterrestre que hubiesen cruzado el Rubicón nasal y dado el salto definitivo hacia la proboscitud total.
El Louvre: el arte de la palabra
Enero 21, 2009

Autor: Magalí Urcaray
En el Museo del Louvre hoy ha podido disfrutarse no sólo de las artes plásticas, sino también de la literatura, ya que se ha celebrado la lectura pública de los relatos que seis escritores escribieron sobre algunas de las pinturas y esculturas expuestas.
El encargo les fue realizado por el museo como modo de ofrecer al público “el privilegio de detenerse y mirar de nuevo” grandes obras de Arte, en esta ocasión a través de la palabra. Los escritores elegidos fueron Vassili Alexakis, Maryline Desbiolles, Dominique Barbéris, Anne-Marie Garat, Gila Lustiger y François Reynaert. Los relatos debían ser breves, para ser leídos en no más de quince minutos frente a la obra que los inspiró.
Las seis obras seleccionadas fueron ‘Fuente de cerezas, ciruelas y melón’ de Louise Moillon, ‘Paisaje con Paris y Oenone’ de Claude Lorrain, ‘Cabeza quemada de Sabina, mujer del emperador Adriano’, ‘Los dos primas’ de Watteau, ‘Cristo en la cruz adorado por donantes’ de El Greco, y ‘El juramento de los Horacios’ de Jacques Louis David.
El propio Louvre reconoció que, ni mucho menos, se trata de una experiencia inédita, pues autores como Marcel Proust ya utilizaron con anterioridad el Arte como fuente de inspiración (éste, en concreto, con la pintura de Vermeer). En esta línea me permito recordar el delicioso libro del argentino Manuel Mújica Láinez, ‘Un novelista en el Museo del Prado’, en donde los personajes de los cuadros cobran vida una vez que se cierra el museo. Sin duda, el arte y la literatura son una inmejorable combinación
Book View Cafe: los autores y su uso de la Web 2.0
Enero 13, 2009
Autor: Juliana Boersner
BookView es una iniciativa especialmente interesante ya que no se trata de un espacio virtual como otros que ya conocemos, sino que este surge de la iniciativa de cerca de 20 autores, algunos de ellos bastante reconocidos como Ursula K. Le Guin, para compartir de forma gratuita en la red sus textos no publicados y algunas rarezas de su producción literaria.
Todos los escritores que participan han tenido éxito en el mundo editorial de papel y se plantean explorar las potencialidades de la web para compartir diariamente material variado de su producción: artículos, poemas sueltos, reflexiones y cuentos en géneros como horror, ciencia ficción, humor, romance y misterio.
Los mueve a esta iniciativa la posibilidad de hacer disponible su obra de manera directa a través de internet y anuncian que publicarán incluso podcast proximamente. Una de las cosas que más me llama la atención es que enfatizan la importancia de la conversación con los lectores e invitan a que se dialogue acerca de sus textos publicados en la plataforma.
Se trata de una organización comunitaria sin fines de lucro pero, por un lado advierten que aceptan donaciones y, por otro, anuncian que en algún momento publicarán contenidos premiun e invitan a sus seguidores a escribirles y anotarse en la lista para recibir noticias y anuncios.
Los autores y sus textos son en inglés, específicamente de los Estados Unidos y la lista incluye, además de la ya mencionada, Le Guin, a Maya Kaathryn Bohnhoff, Brenda Clough, Kate Daniel, Jessica Freely, Laura Anne Gilman, Christie Golden, Anne Harris, Sylvia Kelso, Katharine Eliska Kimbriel, Sue Lange, Rebecca Lickiss, Vonda N. McIntyre, Nancy Jane Moore, Pati Nagle, Darcy Pattison, Irene Radford, Madeleine Robins, Amy Sterling, Jennifer Stevenson, Susan Wright y Sarah Zettel.
Tienen un blog bastante interesante y, entre otras cosas, apoyan a librerías independientes a través de lo que llaman Bookstreet. Entre ellas está la Looking Glass Bookstore, Powell´s Book y la University Book Store. Por último, otro de los servicios interesantes que ofrecen es el de envio de textos al celular a través Portable Reading, una aplicación de Facebook.
Algunas pistas de por dónde va el uso independiente de los autores de las herramientas de la Web 2.0.
Un cuento de Navidad de Paulo Coelho
Enero 5, 2009
Autor: paolo fava
Es tiempo de experiencias sencillas y cándidas envueltas en quintales de edulcorante, el momento idóneo para sacar algo de Paulo Coelho. El escritor brasileño publicó a comienzos de mes un relato original basado en un fábula india en el Times Online. Para los que no lo hayais leído aún o no querais bregar con la lengua de Shakespeare lo reproducimos a continuación.
La música que venía de la casa
En Nochebuena, el rey invitó al primer ministro a unirse a él en su habitual paseo juntos. Disfrutaba viendo las decoraciones de las calles, pero como no quería que sus súbditos gastaran demasiado dinero en ellas sólo para complacerle, los dos hombres siempre se disfrazaban de mercaderes provenientes de algún lugar remoto.
Caminaron a través del centro de la ciudad, admirando las luces, los árboles de Navidad, las velas ardiendo en los portales de las casas, los estantes vendiendo regalos, y los hombres, mujeres y niños apresurándose para celebrar una Navidad alrededor de una mesa bien dispuesta de comida.
Mientras volvían pasaron por un barrio más pobre, en el que la atmósfera era bien distinta. No había luces, ni velas, ni deliciosos aromas de comida a punto de ser servida. Apenas había un alma en las calles y, como hacía cada año, el rey señaló al primer ministro que de verdad tenía que prestarle más atención a los pobres de su reino. El primer ministro asintió, a sabiendas de que el asunto sería pronto olvidado de nuevo, enterrado bajo la burocracia diaria de presupuestos que aprobar y discusiones con dignatarios extranjeros.
De repente, escucharon música proveniente de una de las casa más pobres. La choza era tan endeble y las planchas de madera podrida tenían tantas grietas que pudieron espiar lo que que estaba ocurriendo en su interior. Y lo que vieron era complemente absurdo: un anciano en una silla de ruedas llorando al parecer, una muchacha con la cabeza rapada bailando, y un joven de ojos tristes golpeando una pandereta y cantando una canción popular.
‘Voy a enterarme de lo que ocurre.’ – dijo el rey.
Llamó a la puerta. La música paró, y el joven abrió.
‘Somos mercaderes buscando un lugar donde dormir. Escuchamos la música, vimos que seguíais despiertos, y nos preguntamos si podríamos pasar la noche aquí.’
‘Podéis alojaros en un hotel de la ciudad. Nosotros, desgraciadamente, no podemos ayudaros. A pesar de la música, esta casa está llena de tristeza y sufrimiento.’
‘¿Podemos saber porqué?
‘Es todo por mi culpa’ – habló el anciano en la silla de ruedas. ‘He pasado toda mi vida enseñando caligrafía, para que un día puediera conseguir trabajo como escriba de palacio, Pero los años han pasado y ningún puesto ha salido a concurso. Y entonces, anoche, tuve un sueño estúpido: un ángel se me apareció y me encargó comprar un cáliz de plata porque, dijo el ángel, el rey vendría a visitarme. Bebería del cáliz y le daría un trabajo a mi hijo.’
‘El ángel era tan persuasivo que decidí hacer lo que me pedía. dado que no tenemos dinero, mi nuera fue al mercado esta mañana para vender su pelo y que pudiéramos comprar ese cáliz. Los dos están haciendo lo que pueden para contagiarme el espíritu de la Navidad cantando y bailando, pero no hay nada que hacer.’
El rey vio el cáliz de plata, pidió un poco de agua para saciar su sed y, antes de partir, dijo a la familia:
‘Sabéis, estuvimos hablando con el primer ministro hoy, y nos dijo que la semana que viene se anunciaría una vacante para escriba de palacio.’
El anciano asintió, sin creer demasiado en lo que oía, y se despidió de los extranjeros. A la mañana siguiente, sin embargo, un proclama real fue leída en todas las calles del país; se necesitaba un nuevo escriba en la corte. El día señalado, la sala de audiencias del palacio estaba a rebosar de gente ansiosa por competir por ese puesto tan codiciado. El primer ministro entró y pidió a todos que preparasen su papel y lápiz:
‘Aquí está el tema de la disertación: ¿Porqué un anciano llora, una joven con la cabeza rapada danza y un joven triste canta?’
Un murmullo de incredulidad atravesó al habitación. Nadia sabía como contar una historia así, excepto el joven vestido de forma andrajosa sentado en una esquina, que sonrió ampliamente y empezó a escribir.
Dedicado en especial a todos aquellos que preparan oposiciones