Los títulos más raros de la literatura
Marzo 30, 2009
Autor: Sergio Parra
Me encuentro con una noticia de hace unos pocos meses. Un concurso de la revista británica Bookseller concede el premio a los títulos de libros más raros de la literatura. Si una buena portada puede ayudar a la campaña de marketing en la venta de un libro, sin duda un título provocador también puede hacerlo. Ahora habrá que poner también títulos raros y enrevesados para aparecer referenciados con letra helvética en los medios de comunicación.
El premio al título de libro más raro de los últimos 30 años ha sido concedido a una obra que parece anodina: Greek Rural Postmen and Their Cancellation Numbers (Los carteros rurales griegos y los números de cancelación [de los sellos]). Consiguió el 13% de los votos en el sitio web de Bookseller
El argumento del libro es incluso más curioso que el título: la curiosa historia de más de 17 sacas de cartas no entregadas a sus destinatarios en Elasona, al norte de Tesalónica, y que fue publicado en 1994 por la Organización Filatélica Helénica de Gran Bretaña. .
Otros de los finalistas son:
If You Want Closure In Your Relationship, Start With Your Legs (Si quieres acabar con tu relación, empieza cerrando las piernas).
¿Cuán verdes eran los Nazis?, editado por Franz Josef Bruggeimer, Mark Cioc y Thomas Zeller
El delicioso helado de D. Di Mascio: D. Di Mascio de Coventry: Una compañía de helados de buena reputación, con una flota interesante y variada de furgonetas de venta de helado, por Roger De Boer, Harvey Francis Pitcher y Alan Wilkinson
Los carros de compra perdidos del este de América del Norte: una guía de identificación, por Julian Montague
Mujeres tatuadas de la montaña y cajas de vajilla de Daguestán, por Robert Chenciner, Gabib Ismailov, Magomedkhan Magomedkhanov y Alex Binnie
Actas del decimoctavo simposio internacional sobre algas marinas, por Robert J. Anderson, Juliet A. Brodie, Edvar Onsoyen y Alan J Critchley
Mejor nunca que haber sido: el daño de comenzar a existir, por David Benatar
El ganador del año pasado fue Leon Hill por su libro La gente que no sabe que está muerta: cómo se apegan a transeúntes no precavidos y qué hacer con ello.
Proceedings of the Second International Workshop on Nude Mice (Actas del Segundo Taller Internacional sobre Ratones Desnudos), obtuvo el galardón el primer año que se convocó, en 1978.
‘El pequeño gran libro de la ignorancia’ de John Lloyd
Marzo 23, 2009

Ésta es una recopilación de preguntas y respuestas. De preguntas que muchos niños formulan. Pero de respuestas que muchos adultos no ofrecen. Los niños, más tarde, cuando se hacen adultos, acaban asumiendo las respuestas erróneas a esas preguntas y son las que ofrecen de nuevo a los niños. Y así sucesivamente, hasta que la mayoría de la gente cree que una cosa es cierta cuando en realidad dista mucho de serlo.
De eso trata El pequeño gran libro de la ignorancia.
John Lloyd es el creador de un programa de televisión británico, el Quite interesting, uno de los concursos más populares de la cadena BBC. Quite interesting también es un bar, una librería, una cafetería y un club de Oxford, que incluso The independent lo ha escogido como el mejor local de ocio de Gran Bretaña, así que hemos de entender que Lloyd es un hombre bastante polivalente.
Quite interesting también es el título en inglés de este libro de preguntas y respuestas redactado por un equipo de investigación integrado por personas con una enorme curiosidad, un umbral de aburrimiento muy bajo y una habilidad extraordinaria para plantear preguntas difíciles. Y es que ya decía Oscar Wilde que la ignorancia es como un fruto delicado y exótico; su lo tocas, se desvanece. Como El pequeño gran libro de la ignorancia desvanecerá grandes parcelas de mitos, ideas preconcebidas y malentendidos extremadamente comunes.
No esperes encontrar, sin embargo, un libro profundo y abundante en explicaciones. Ante todo estamos hablando de un libro divertido, entretenido y para todos los públicos, de preguntas poco trascendentes y de respuestas cortas, de apenas un par de páginas, casi curiosidades que la mayoría de nosotros no sabemos. Preguntas de bar y respuestas de bar. Que no es poco, pues al menos yo he disfrutado como un enano y he devorado las páginas de este libro en apenas dos tardes.
Respuestas chocantes como que la Tierra tiene en realidad siete lunas, que los humanos poseemos cuatro fosas nasales, que la máquina de vapor fue inventada en la antigua Grecia, que Bangkok no es la capital de Tailandia, que las marmotas han matado a más de mil millones de personas, que lo más grande que puede tragar una ballena azul es del tamaño de un pomelo, que existen más de ochenta mil planetas en el sistema solar, que los dientes de George Washington pertenecieron previamente a un hipopótamo o que la luz es invisible. Respuestas sucintas que corrigen imprecisiones, errores o equivocaciones de la cultura general, además de estar apoyadas por montañas de curiosidades asociadas.
Si de verdad son personas inquietas, este libro os funcionará como un banquete dionisíaco; quizá el vino no sea de un excelente bouquet, pero al menos calmará eventualmente vuestra sed.
¿Qué llevan los San Bernardo en el cuello?
Los San Bernardo jamás han llevado barriles de brandi en el cuello.
La misión del perro es completamente abstemia (aparte de que darle brandi a una persona con hipotermia es un error garrafal), pero a los turistas siempre les ha gustado la idea y por eso todavía se imaginan al perro con el barrilito al cuello.
Antes de que se entrenasen como perros de rescate de montaña, los San Bernardo fueron utilizados por los monjes del convento del paso Gran San Bernardo (la ruta alpina que une Suiza con Italia) para transportar comida, ya que su gran tamaño y su carácter dócil los convertían en buenos animales de carga.
El barril de brandi fue idea de un joven artista inglés llamado Edwin Landseer (1802-1873), favorito de la reina Victoria. Landseer fue un famoso pintor de paisajes y animales, conocido sobre todo por El monarca de la cañada y por esculpir los leones que adornan la base de la columna de Nelson.
El Salón del Libro de París con sabor mexicano
Marzo 16, 2009
Autor: Magalí Urcaray
A partir de hoy y hasta el día 18 se celebra en París el Salón del Libro, uno de los mayores eventos literarios abiertos al público en el ámbito europeo. En años anteriores se barajaron cifras de 1.200 editores, 3.000 autores y 180.000 visitantes.
Este año el país invitado es México, que trasladará el espíritu latinoamericano a la capital francesa. El pabellón destinado a las letras mexicanas, un espacio de mil metros cuadrados diseñado por el arquitecto Bernardo Gómez Pimienta y denominado ‘Mosaico de diversidad’, acogerá durante seis días a cerca de 40 escritores mexicanos, desde los más consagrados hasta jóvenes talentos: Fernando del Paso, Jorge Volpi, Elena Poniatowska, Paco Ignacio Taibo II, Gonzalo Celorio,Vicente Leñero, Jordi Soler, Fabricio Mejía Madrid, Guadalupe Nettel e Ignacio Padilla, entre muchos otros. Dentro de esta comitiva también acudirán dos representantes de las más de 60 lenguas indígenas que todavía hoy se hablan en el país, los poetas Briceidas Cuevas Cob (lengua maya) y Juan Gregorio Regino (lengua mazateca).
Para Mónica González Dillon, directora de promoción del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) de México:
Es una representación de la variedad de nuestras letras, que son el corazón de nuestra cultura. [...] Uno de cada cuatro hispanohablantes del mundo es mexicano.
Entre las diversas actividades programadas en el espacio mexicano de la feria habrá una exposición sobre objetos-libros creados por distintos artistas y otra con obras de jóvenes dibujantes, un taller literario, un espacio destinado a los encuentros entre el público y los autores, un ciclo de cine y, en general, un amplio abanico de ofertas para dar a conocer la cultura mexicana. La idea es dar a conocer el México actual, un país contemporáneo y universal, pero que no reniega de su tradición, sus raíces, sus colores ni sus sabores, afirma González Dillon.
Carlos Fuentes será uno de los platos fuertes del Salón, de hecho el pasado miércoles impartió una conferencia en la Biblioteca Nacional François Mitterrand para ir abriendo boca. En ella, el escritor señaló que la cultura es la única constante permanente en la evolución a la que hay que acudir para resolver los problemas de la vida cotidiana, como la violencia o el narcotráfico. Con respecto a la posición de honor de México en el Salón de París de este año afimó:
Cuando yo publiqué en Francia por primera vez, éramos tres escritores, ahora somos muchísimos. La literatura francesa parece estar un poco estancada y, sin embargo, la de América Latina está en auge. [...] La diversidad de lenguajes, el mestizaje de las lenguas es lo que define la literatura de América Latina.
Libros sin dueño y sin precio
Marzo 9, 2009

Autor: Magalí Urcaray
Esta imagen pertenece a uno de los mayores almacenes de libros usados del Reino Unido, Bookbarn, que ha sido abandonado tras expirar el contrato de arrendamiento. Como fórmula para vaciar el local lo antes posible, los antiguos jefes han dado vía libre al público para que entre, rebusque y se lleve de forma totalmente gratuita los libros que desee. Ubicado en Bristol, Bookbarn era hasta la fecha uno de los proveedores más importantes de libros de segunda mano de Amazon y, tras cinco años de uso del almacén, deja en su superficie millones de libros sin dueño.
Ashley Nicholson, director de la propiedad, explica con perplejidad la idea original:
Le pedimos a Bookbarn que limpiara el local y se deshizo de algunos libros, pero todavía queda una enorme cantidad de ellos. Creímos que sería una buena idea ofrecer a la gente la oportunidad de venir y elegir uno o dos libros y, así, ayudarnos a limpiar el almacén. [...] La respuesta fue increíble desde que lo abrimos al público. Es como una plaga de langostas.
Lo cierto es que los “cazadores de libros” han venido de todas partes, unos con la esperanza de encontrar algún tesoro literario, otros simplemente con la idea de abastecerse de lectura para una buena temporada.
Me encantan los libros viejos. Esto es un lío, un verdadero caos, pero es emocionante rebuscar entre todo esto. Cuando descubres algo que quieres es como si encontraras un tesoro, afirma un estudiante que ha logrado hacerse con veinte volúmenes de la enciclopedia Compton y un tomo ilustrado de poesía de William Blake.
Se ha visto a gente entrar en el almacén con coches y caravanas para proveerse mejor. Otros acoplaron pequeños trailers a sus coches para transportar mayor cantidad de libros, y hubo hasta quien utilizó cochecitos de bebé.
Bookbarn es ahora más que un gigantesco rastro para los lectores, puesto que ni siquiera han de pagar con calderilla por lo que rescaten. Pilas y pilas de libros usados en donde los artículos son tan deseados como pisoteados (es la parte trágica), pero esto último poco importa a quienes tienen la oportunidad de abastecer sus bibliotecas sin dar un céntimo. Hazel Gurneet, una mujer de 61 años que ha acudido varias veces al almacén lo describe así:
Cuando entras es un sitio increíble. Muchas de las estanterías han sido volcadas y los libros están por todas partes. No te sientes bien al caminar sobre todos estos maravillosos libros para encontrar lo que buscas. Pero teniendo en cuenta el precio de los libros hoy en día, ¿quién rechazaría esta oportunidad?
‘La vuelta al mundo en mil y un días’ de Jorge Sánchez
Marzo 2, 2009
Autor: Sergio Parra
Jorge Sánchez, nacido en Hospitalet de Llobregat, Barcelona, se ha pasado más de un cuarto de siglo viajando, entendiendo el viaje como filosofía de vida, como forma de autoconocimiento y ruptura con el provincianismo.
En su ir y venir por el mundo, se ha integrado en las culturas que ha visitado, aprendiendo sus lenguas, sus costumbres y sus religiones. Eso le ha llevado a convertirse en monje Zen en un monasterio budista al norte de Kyoto, o a convivir con un anacoreta hindú en una cueva en las fuentes del río Ganges, en el Himalaya.
Jorge Sánchez ejemplifica lo que muchos de nosotros desearíamos hacer algún día pero que finalmente sólo se queda en fantasía.
Al abordar este su primer libro, La vuelta al mundo en mil y un día, esperaba, pues, vivir a través de sus ojos aquello en lo que siempre he fantaseado. Tal vez, quién sabe, esperando encontrar en sus consejos algún asidero en el que tomar impulso para imitar sus gestas. Y es que Jorge Sánchez decidió abandonarlo todo un día cualquiera, y apenas con lo puesto salió de España y no dejó de viajar hasta circunvalar el mundo.
Lamentablemente, el libro no cumple estas expectativas debido básicamente a dos problemas.
El primero es su desfase temporal. El autor no menciona en qué año inicia el viaje narrado, aunque por algunas pistas podemos intuir que de ello hace mucho tiempo. Por ejemplo, en un fragmento del libro se menciona que hace poco se ha descubierto el SIDA. Este toque demodé, personalmente, me provocó cierta frustración: toda la información que ofrece tal vez ya no sea útil.
Es decir, el libro puede funcionar como relato pero no como guía de viajes.
Esto no sería un gran problema si no se añadiera un otro problema más. Que no hay demasiado relato.
Al libro le falta pasión y garra. El autor no suele expresar sus sentimientos y emociones. Como si fuera un frío manual sobre países sin apenas enjundia. La mayoría de sucesos pasan a tal velocidad que ni siquiera pueden saborearse. ¿Tal vez fue un error condensar un viaje tan largo en el tiempo y en el espacio en un solo libro?
Cada vez que leía una página, me venían una docena de preguntas que me hubiese gustado formular acerca de lo leído. ¿Cómo funciona exactamente esto? ¿Por qué no te acostaste con esa chica? ¿Cuánta hambre pasaste de verdad? ¿Qué sentiste aquí? ¿Cómo superaste aquella prueba sin flaquear? ¿Qué viste allí, allá y acullá?
Dejando a un lado estos dos obstáculos (quizá obstáculos que no serán tal para otro tipo de lector), La vuelta al mundo en mil y un días puede funcionar como ligero libro de aventuras, recorriendo 50 países y territorios de los cinco continentes con apenas unos billetes en el bolsillo. Trabajando en lo que salga. Usando medios locales de locomoción. Integrándose todo cuanto se pueda. Viajando en el Transiberiano (fragmento que se lee demasiado deprisa, como tantos otros), haciendo contrabando en Corea, haciendo autostop en Australia (a juicio del autor, el mejor país del mundo para hacerlom aunque de eso fue hace mucho tiempo, claro), trabajando en un kibbutz de Israel.
Un viaje sin duda inolvidable que, sin embargo, se hace demasiado olvidable en su plasmación escrita. Aunque, para no dejar en el potencial lector la sensación de que el libro no vale la pena (insisto en que los dos obstáculos expuestos son muy personales), transcribo un fragmento sobre Nueva Zelanda donde el autor sí que se explaya en la descripción y te provoca para que cojas lo puesto y salgas a viajar.
El paisaje era de ensueño, algo realmente extraordinario que hasta entonces no había contemplado en otros países visitados. Nos pasábamos todo el rato mirando por las ventanillas y preguntando a los conductores por el nombre de los lugares y accidentes geográficos que cruzábamos. Vimos lagos, volcanes de conos perfectos, montañas nevadas, densos bosques, hermosas praderas, poblados de maoríes, o la etnia autóctona polinesia antes de la llegada de los europeos… y sobre todo corderos, miles y miles de corderos pacían por los verdes pastos. Uno de los conductores que nos recogió, nos explicó que en Nueva Zelanda hay veinte veces más corderos que personas. En verdad, como afirmaban los propios neozelandeses, su pequeño país se asemejaba a una Europa en miniatura: tenía fiordos como Noruega, volcanes como Italia, géiseres como Islandia, altas montañas como Suiza, multitud de pequeñas islas como Grecia, bellas playas como España…